Por: Agencia E.
El Banco Mundial advirtió que la crisis económica en el mundo ya ha llevado a más de 100 millones de personas a la pobreza. De los 48 países registrados como de bajos ingresos, 43 carecen de capacidad fiscal para responder a esta problemática y en igual situación están otros 55 de los 87 de medianos ingresos.
Y otra grave repercusión: como resultado de este difícil momento existe, además, la posibilidad de que la mortalidad infantil aumente, cobrando la vida de 200 mil a 400 mil niños más.
Ante este panorama, el aumento de la ayuda externa para los menos favorecidos cobra mayor importancia. Pero desde 2005 ese apoyo se ha estancado y existe un riesgo real de que siga disminuyendo. Dicho respaldo se redujo en un 4.5 por ciento en 2006 y en un 8 por ciento en 2007.
Erradicar la pobreza extrema y el hambre; lograr la educación primaria universal; promover la equidad de género y la autonomía de la mujer; reducir la mortalidad infantil; mejorar la salud sexual y reproductiva; combatir el sida, la malaria y el dengue; garantizar la sostenibilidad ambiental; y fomentar una sociedad mundial para el desarrollo. Estos son los ocho Objetivos del Milenio y las metas que se pretenden alcanzar a 2015, los cuales están amenazados por la problemática financiera que atraviesa el mundo.
En el Foro Unesco del Futuro que realizó en París la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura se prendieron las alarmas, pues el freno en el crecimiento, el comercio y las inversiones extranjeras se traducen en más niños por fuera de las aulas, sistemas de salud deficientes y vidas en riesgo por enfermedades.
La crisis toca a todos y los más afectados son los menos responsables. Los mercados financieros en Nueva York y Londres, por ejemplo, están vinculados a los programas educativos y de mortalidad infantil en otros pueblos. Por eso, si la economía de los poderosos marcha mal, se crea el efecto dominó.
Antes se escuchaba, cuenta el profesor Santiago Leyva Botero del Departamento de Humanidades de la Universidad Eafit, que si a Estados Unidos le daba gripa, Latinoamérica sufriría de neumonía. “Hoy no está tan claro que eso sea así. Pero sí hay sitios que serán más vulnerables y que incluso con la gripa les va a dar pulmonía o hasta tuberculosis, porque no pueden aplicar las medidas que se deben establecer para favorecer a los grupos más pobres de su población”.
La Unesco, afirma el docente, recurre a hacer un llamado de atención sobre algunas metas de cooperación. Unos siete mil millones de dólares, cita el organismo internacional, serían necesarios para incrementar la ayuda a los estados de ingresos bajos, con el fin de que alcancen los objetivos básicos en materia de educación. “Si uno se pone a pensar qué significa esta cifra, se remite a realidades como esta: para el plan de reestructuración de la General Motors, el gobierno norteamericano entregó más de 15 billones de dólares. Aún en las crisis hay unas disparidades tremendas”.
En busca de la equidad
Para Humberto Franco González, docente del Departamento de Economía de Eafit, la crisis ya pasó el umbral de lo financiero y está en el campo de la economía real, es decir, aquella que cobija sectores en los que se producen bienes y servicios que satisfacen necesidades inmediatas tanto de consumidores como de productores, como los sectores industrial y agropecuario.
“Una de las características peculiares de los países en desarrollo y pobres es que sus ingresos no alcanzan a financiar todos sus programas de gasto. En esa medida entran a depender de los recursos externos, básicamente de aquellos en donde hay poder económico, pero si esas naciones tienen problemas no van a poder atender nuestros requerimientos”.
Como hay sitios más golpeados que otros por ese hecho, en concepto de Adolfo Eslava Gómez, jefe del pregrado en Ciencias Políticas, el tema de la cooperación internacional juega un papel protagónico para garantizar que los Objetivos del Milenio efectivamente no se queden en el camino por cuestiones netamente financieras.
Sin embargo, piensa que “si dentro de una nación uno dice que estamos en crisis y tenemos que aprobar un plan de ayuda para otros, eso no va a ser bien recibido. Eso va a tener un debate, pero aparece el protagonismo de lo político y el imperativo ético, del que se habló en la Unesco”.
El Banco Mundial propuso que las poblaciones desarrolladas entreguen el 0.7 por ciento de sus paquetes de estímulo a la financiación de un fondo de apoyo a la vulnerabilidad. Todo orientado al multilateralismo como plataforma para que los gobiernos puedan reunirse, como afirma el director general de Unesco Koïchiro Matsuura, “en pie de igualdad, para encontrar soluciones a esos problemas comunes”.
A pesar de los inconvenientes, cree Franco González, estos objetivos no se pueden descuidar. “El hecho de que en el corto plazo sea difícil alcanzarlos, no quiere decir que nos debamos olvidar de ellos. Las economías son cíclicas, es decir, hay momentos duros como el que se está atravesando, pero eso no será vitalicio y tiene una tendencia de recuperación”.
Koichiro Matsuura advirtió que las medidas para reactivar el crecimiento y corregir el sistema financiero deben ir acompañadas de mayores esfuerzos para abordar problemas estructurales como la pobreza extrema. “No podemos permitir que los países ricos utilicen esta crisis como una excusa para girar la espalda a los pobres del mundo".