
Si bien la empresa creada por Johana González aún opera desde su casa, ella se ha encargado de brindar a los clientes un servicio especial en repostería artesanal.
Su propuesta se caracteriza por brindar a los clientes la posibilidad de elegir y combinar los sabores. Dice la forjadora de Dulce Abril que “ese factor innovador es lo que le gusta a los clientes, ya que hay quienes disfrutan de mezclas raras que incluso a uno le parecen hostigantes, pero ellos finalmente quedan felices y eso es lo importante”.
En Medellín hay gran competencia en el sector de los alimentos, de allí que brindar la posibilidad de decisión sobre los productos sea lo que le ha permitido generar satisfacción entre sus consumidores. Sin gozar de amplio reconocimiento pero teniendo ya abonado un campo importante, Johana recuerda con gusto que incluso por “Twitter alguien dijo que quería una torta de mango biche con brevas, y como respuesta recibió: ‘vaya a Dulce Abril que allá se la hacen’”.
Para Johana, su empresa ha ido creciendo en un proceso que se mueve un poco lento, pero que es significativo. Cuando comenzó, registraba ventas hasta por 400 mil pesos mensuales; actualmente está reportando un millón 300 mil pesos en ese mismo lapso, una suma nada despreciable que muestra un avance positivo desde el plano económico.
Junto al crecimiento del flujo de caja, Johana destaca el aumento en el número de clientes que conforma su base de datos, a quienes les brinda también la posibilidad de recibir los productos en sus domicilios. “Dulce Abril ya superó la etapa de amigos y vecinos; ahora nuestros clientes son otras personas que por referencia nos van conociendo”.
Acto seguido expresa que el reto que ahora debe abordar es continuar aumentando los ingresos, lo que le permitirá contar con todos los registros que exigen los almacenes de cadena, dado que en un futuro planea tener sus productos ocupando los anaqueles de las grandes superficies.
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