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Talento con mucha madera 

 
 
Foto: Saverio Gómez.
Rubén Herrera es un emprendedor que
trabaja la madera.

Por: Saverio Gómez
Comunicador del Banco de las Oportunidades

Rubén Herrera experimentó por cuenta propia que cuando querer es poder, no hay puertas imposibles de abrir. A pesar de haber empezado una carrera como vigilante, hoy día desempeña el oficio de carpintero en su propia empresa.

En 1996, recién retirado del ejército, empezó a trabajar cuidando las vidas y propiedades de otras personas en la Loma los Parra, lugar donde dedicaba horas enteras a dejar volar su imaginación y a pensar en las actividades que podía realizar durante su tiempo libre. Estos ratos de ocio terminaron por dar resultados eficientes y un día cualquiera, mientras se desplazaba hacia el centro de Medellín, tuvo la oportunidad de conocer el oficio de la carpintería, actividad que hasta el día de hoy lo ha llenado de satisfacciones.

Los primeros días que vivió Rubén como aprendiz de carpintero no fueron fáciles. “No podían pagarme. Tenía que regalar mi trabajo para poder conocer detalle a detalle los secretos de pulir, tornear, cortar y tomar la medidas exactas de la madera”, afirma. Así, mientras transcurrían sus días como vigilante, Rubén iba comprando las herramientas necesarias para organizar el taller que “algún día me regalaría un trabajo estable”.

Rubén trabajó dos años como vigilante hasta que tomó la decisión de renunciar a su trabajo para dedicarse tiempo completo a la talla de la madera. Su primer paso como empresario fue arrendar un espacio en el sótano de una casa en el barrio San Pablo, cerca de la estación Santo Domingo del Metrocable. “Allí monté mi primer taller de carpintería. La comunidad empezó a conocer mi trabajo porque muchas veces no tenía todas las herramientas necesarias y tenía que acudir a los amigos para suplir las necesidad de dinero y, en algunas ocasiones, de conocimiento”, dice.

En 1998 se trasladó para Versalles II, donde conoció un banco que hace préstamos exclusivos para microempresarios y que funciona en el sótano de La Alpujarra, el cual tiene como nombre Banco de los Pobres, el Banco de las Oportunidades.

Con un proyecto productivo para hacer carros en Madera se presentó al Banco de las Oportunidades, donde le otorgaron un préstamo de $3 millones. Con este dinero pudo conseguir las cosas que siempre había anhelado: una casa, un taller equipado con máquinas y una moto Honda modelo 85.

De ahí en adelante Rubén comenzó a participar en ferias de exposición en Antioquia, en las que podía exponer sus productos. “Esto me ha permitido vender mis modelos a norteamericanos, ecuatorianos, brasileros y suizos. Basta con decir que en la actualidad tengo más de 55 modelos en supermercados de cadena como el Éxito y Tres Elefantes de Bogotá”.

Rubén reconoce que su empresa hace parte del legado que sus padres, vecinos, amigos y el Banco de las Oportunidades han forjado haciendo uso de su talento empresarial. Este carpintero de corazón y oficio siempre agradece y lo hace de una forma muy especial a Alex, un amigo de Pereira que haciendo uso de la madera, la palabras y las manos le enseñó a fabricar carros de colección en madera. Rubén siempre recalca que le enseñó porque “20 días después de haberlo conocido partió de este mundo dejándome una herencia tan hermosa como es la elaboración de carros antiguos en abarco, roble, nazareno, pino, cedro y todo tipo de madera existente”.

 

 
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